(Guayaquil, 09 de mayo).- La señora baldeaba la vereda de su casa, en una mañana que arrancó fría en Laguna Larga, a 55 kilómetros de la capital cordobesa. Y hasta esa señora mayor sabía que este martes, en Italia, jugaba el hijo de Adolfo y Alicia, el “Paulito”. El pibe de la ciudad que llegó más lejos que nadie.

En Laguna se respiraba ayer la tensión previa a un momento importante. Así lo vivía Marcelo Luna, presidente de la filial de Instituto Paulo Dybala en Laguna Larga, quien desde temprano armó todo para que los fanáticos de la Gloria de esta ciudad se reunieran para alentar a Paulo.

El punto de reunión fue el resto bar Leo, donde justamente Dybala estuvo el año pasado en una cena en la que recibió a muchos amigos, hinchas y dirigentes de Instituto, donde prometió que volvería al albirrojo para su retiro.

En el bar, los televisores se clavaron en el partido entre la “Juve” y Mónaco desde temprano y también se colgó una bandera grande con los colores rojos y blancos con la leyenda “Filial Paulo Dybala”, además de un par de camisetas de “la Joya”, de su paso por Palermo y la propia Juventus.

“Paulo es un flor de pibe, no ha cambiado en nada. Estamos todos muy contentos con su presente y por eso lo apoyamos. Es el orgullo de esta ciudad y de todos nosotros”, contaba el propio Luna.

A unas pocas cuadras de ese lugar, está la casa donde Paulo se crió y, unos metros más allá, el potrero donde tiró sus primeras gambetas.

Allí, y a miles de kilómetros de distancia, Paulo tuvo la banca y el apoyo de toda su localidad. A todos sus habitantes se les hincha el pecho cuando escuchan el apellido Dybala y se nombra esa localidad donde todo comenzó: su Laguna Larga.

Fuente: mundod.lavoz.com.ar

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